La Auditoría General de la Nación (AGN), el principal órgano de contralor externo de la administración pública, está por quedar virtualmente acéfala.
Seis de los siete auditores tendrán vencidos sus mandatos el mes próximo y solo quedará en pie su presidente, el peronista Juan Manuel Olmos, con una función estrictamente administrativa.
Una parálisis inédita que amenaza con prolongarse mientras en el Congreso persistan las diferencias sobre su nueva conformación..